El camino integral del crecimiento humano

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Extracto del volumen El camino del desarrollo integral (véase la hoja de presentación )

Capítulo 2

El Camino Integral del Crecimiento Humano

¿Quiénes somos, lo que podemos conocer y crear, y qué papel podemos jugar en el universo? ¿Qué felicidad es posible para nosotros en la vida humana y cómo podemos ser portadores de felicidad para los demás? ¿Hemos alcanzado el nivel más alto de nuestra salud mental e inteligencia, o estamos desperdiciando nuestro potencial en una vida imprudente y fructífera?

La psicología transpersonal, en particular el enfoque integral, combina la investigación científica y la meditativa, aplicándolas para dar una respuesta coherente a estas cuestiones, a través del estudio del potencial humano, las etapas de desarrollo de la conciencia y las posibilidades de bien que están presentes en la vida humana de una manera sana y completamente madura.

Al describir las cualidades y posibilidades que se abren a la experiencia del desarrollo de la conciencia, el enfoque integral pretende ser un estímulo y una contribución a la superación de la autoconciencia que aflige a la llamada persona normal, ya definida por Maslow como aquélla que padece una psicopatología de la normalidad, hacia aquella Liberación que las tradiciones sapienciales de todos los tiempos señalan como meta del camino humano.

En la tradición meditativa, el término Liberación califica la realización del Ser como una totalidad bio-psico-espiritual y un centro superconsciente que trasciende el lio consciente y el flujo de los fenómenos psíquicos. La liberación equivale, por lo tanto, a la plena expresión de los poderes del interior y a la superación del sufrimiento producido por la ignorancia ordinaria.

Como aparece en la figura 2.1, los términos Yo y yo representan dos centros focales de conciencia, la Luna está abierta al infinito y al misterio del Ser, el otro está encapsulado en el cuerpo y aprisionado en el devenir; la Luna abarca la totalidad corporal, mental y espiritual, el otro se identifica con estrechas porciones del cuerpo-mente; la Luna está libre y despierta para ser una parte indivisa de la vida universal, el otro no es consciente y se ve obligado a defenderse por los temores de la existencia.

El Yo y lio

Dado que todo el arco de desarrollo se describe como el continuo desde una etapa preegoica (en la que el sentido del ilio en sus funciones aún no está desarrollado), a una etapa egoica (en la que el ilio se realiza en sus funciones), a una etapa transegoica (en la que el ilio se trasciende en una etapa superior de la vida), la comprensión del término i adquiere una profunda importancia en el enfoque integral.

Dado que la lio es una meta que debe alcanzarse desde la perspectiva de la infancia y una meta que debe superarse en la perspectiva adulta y madura, el desarrollo de la lio tiene una importancia crucial, tanto para la comprensión de la experiencia trans-personal como para evitar posibles confusiones pretransversales de la perspectiva evolutiva (13). La confusión pre-transversal, en palabras de Wilber (14), significa la confusión, que prevalece especialmente en New Age, entre los estados pre-racionales y trans-racionales, ambos no racionales pero relacionados con diferentes grados de estructuración cognitiva.

Es crucial la distinción entre la laceración del delio en la psicología y la de la tradición sapiencial y meditativa.

En la psicología científica, lio es un término descriptivo que se utiliza para designar un centro de personalidad que tiene continuidad en el tiempo y es capaz de funciones reguladoras e integradoras que dan la posibilidad de pensar, reflexionar sobre sí mismo, distinguir la realidad de la fantasía y ejercer control sobre los impulsos, los deseos y la voluntad. En la excepción psicoanalítica, lio se desarrolla a través de la diferenciación del yo (como matriz psicofisiológica original) del mundo objetivo (entendido tanto como figuras de referencia afectivas como de entorno) y es miembro de la estructura tripartita (super-yo, por ejemplo, I). En este contexto, la lio corresponde a funciones específicas de adaptación a la realidad y se desarrolla a partir de los tres años de edad adulta, donde alcanza la madurez.

En la tradición meditativa Vedånta, el Ser es un centro de conciencia que está más allá de los componentes formales del cuerpo, la mente y el alma y es Espíritu puro, desprovisto de forma y calidad. La característica del Sí mismo consiste en ser a la vez consciente trascendental y cada aspecto de la individualidad, pero también inmanente a todas sus formas. El Ser, como centro trascendente, es iluminador y vivificante, ya que el aspecto inmanente es el contenedor de la totalidad humana y la base de todo su nivel bio-psico-espiritual.

Figura 2.1

Lio y el Yo en la totalidad del ser humano

En la tradición meditativa con respecto al Yo, lio se entiende como un no-yo, distorsionado y limitado por identificaciones selectivas que obstruyen el pleno conocimiento del potencial humano e impiden la realización de la totalidad. La identificación erótica limita la interezza lumana y se refiere a una constelación de conceptos de uno mismo, imágenes, pensamientos, sentimientos, motivaciones y comportamientos, vinculados al sentido de la dellidentidad separada y fundamentalmente ilusoria.

En el contexto meditativo lio, lejos de representar una condición de salud y madurez, representa una condición de limitación y encarcelamiento, separada del conjunto y desprovista de visión y cualidades espirituales.

Los aspectos egoístas relacionados con el sentido de la personalidad giran en torno a un pensamiento que permanece identificado con una visión parcial de la realidad de uno mismo y del mundo. Las cualidades presentes en el nivel del delio se basan en la adquisición y la posesión: el pensamiento egocéntrico expresa una realidad dual, entrelazada con el miedo y la defensividad.

A diferencia del dallium, el Yo vive en planos de manifestación más elevados, que son los de la vida universal. En este nivel, se expresa una cualidad unitiva y global de amor positivo y solar, donde en lugar del deseo egoísta hay un lamento incondicional, en lugar del conocimiento sensorial-mental hay un conocimiento intuitivo-iluminador, en lugar de la voluntad egoísta hay una voluntad universal o voluntad para el bien. En este nivel, el pensamiento no es portador de conflicto, sino de acuerdo, armonía y belleza: si el pensamiento en el nivel del delio expresa separación y ansiedad, en el nivel del Yo expresa paz y armonía.

En la perspectiva de la psicología convencional, haber logrado un buen camino terapéutico significa haber conquistado un estado de aceptación de la adaptación del delio, lo que significa ser espontáneo y haber superado ese miedo y la eliminación de los propios impulsos que impiden la propia autodeterminación en los roles sociales.

Ser auténticamente uno mismo en un nivel egoísta significa conocerse y aceptarse a sí mismo dentro del estrecho panorama del pensamiento egocéntrico. La cordura de la mente significa pensar en uno mismo con las capacidades y los límites del propio nivel evolutivo y la libertad y el valor de existir con la propia naturaleza, necesidades, ambiciones, vicios y aspiraciones, orientándose de vez en cuando para elegir lo que es bueno para uno mismo, y enfrentarse a la lucha por los problemas de la existencia con confianza y valor.

En el nivel del delio en el sentido convencional, la curación califica la condición de aceptación de sí mismo, de no conflicto, de ausencia de complejos de culpa, de abandono e inferioridad, y de soportar el sufrimiento debido a los problemas de la vida.

En la psicología científica, la salud del delio no implica virtudes éticas y aspectos superiores de la conciencia: no se considera la potencialidad espiritual y se le da un valor insignificante al pensamiento que trae amor y paz.

Desde una perspectiva integral, que acepta el lio sapiencial, ordinario, identificado con una imagen mental de sí mismo, es en su totalidad un falso yo, que se centra en aspectos fragmentados de la realidad y niega la expresión de realidades superiores como la verdad, la sabiduría y el amor, que pertenecen a una fuente interior infinitamente más rica y conectada a la vida universal.

Por lo tanto, la lio como personalidad parcial no representa la verdad, sino sólo una auto-representación construida a través de la interacción con el entorno, que en sí misma debe ser superada y trascendida si se quiere realizar el Ser y conocer verdaderamente el significado de la vida.

En la psicología y la psicoterapia occidentales, el enfoque biográfico, que investiga las relaciones de objetos internalizados, y el enfoque humanista, centrado en la expresión directa de las emociones, no conocen las formas de superar el estado de privación del delio; por el contrario, la tradición meditativa enseña a transformar esos venenos de la mente que construyen el cautiverio del delio y su pensamiento disfuncional.

En este contexto, el viaje hacia el Ser requiere un camino de autotrascendencia a través de una profunda transformación de uno mismo, que lleve a la expansión de la conciencia hacia la conexión entre la vida individual y la vida universal.

El enfoque integral reúne los conceptos de la psicología occidental y la tradición meditativa y teoriza la ampliación del sentido de la identidad más allá del horizonte histórico a los efectos de un desarrollo sano e integral. Este enfoque trata de aclarar el continuo de desarrollo integral desde la etapa preegoica, en la que la lio como centro regulador aún no está estructurada, a la etapa egoica, en la que la lio se estructura y desarrolla sus funciones, a la etapa transegoica, en la que la lio se expande hasta trascender sus límites corporales-mentales y alinearse con el Yo.

Larco de desarrollo personal y transpersonal

Como ya se ha esbozado en el libro Creciendo más allá del Ilión (15), todo el camino del desarrollo puede reconocerse como una combinación de un arco personal-exterior y un arco transpersonal-interior, que con la reunificación del Ilión al Yo alcanza su integridad.

Basado en el trabajo de Jung y Assagioli, este modelo de integración no ve a lio y al Yo como dos antagonistas opuestos, sino que evalúa su complementariedad y el esfuerzo evolutivo para alinearlos, de modo que lio pueda convertirse en un instrumento del Yo.

En este sentido, si hablamos de un ego desde el punto de vista de sus funciones, veremos que éste sólo se fortalecerá en el curso del desarrollo; si, en cambio, hablamos de él en un sentido meditativo como un estado de identidad limitado por las fronteras cuerpo-mente, entonces está claro que el lio es algo que debe ser trascendido y superado.

En su totalidad de las funciones corporales, sensoriales, emocionales y mentales, el lio crescendo se hará cada vez más fuerte y se curará así, hasta que se convierta en el instrumento ideal del Yo, que le guiará en su existencia temporal siguiendo los principios universales de la armonía.

Comprender a Larco dellio desde su nacimiento hasta su autotrascendencia, pasando por las fases preegoicas, egoicas y transegoicas, hasta la completa inclusión en el Ser, es un reto de la investigación transpersonal y ciertamente un objetivo de este trabajo.

Podemos argumentar que todo el arco de desarrollo, exterior e interior, se compone de cuatro fases evolutivas, que van desde el nacimiento hasta la totalidad del Ser.

En sus capacidades básicas, como sujeto capaz de autoorganizarse, lio siempre estará presente en el arco de crecimiento, mientras que lo que está desfasado es su sistema dividido y limitado por identificaciones, defensas y atributos egoístas.

Lo que está desfasado en el crecimiento es la lautorización egoísta, que a menudo corresponde a creencias, sentimientos y juicios de figuras de referencia emocionales que provienen del pasado y construyen una realidad interior que no tiene en cuenta la verdadera naturaleza del Yo y a menudo ayuda a ocultarla y obstaculizarla.

En el campo del delio pueden existir diferentes autopresentaciones, que se plantean como sub-personalidades reales, con diferentes motivaciones, necesidades y características, cada una de las cuales puede manifestarse con una dinámica particular y propia, produciendo efectos contradictorios que dividen el espacio interior y pueden dar lugar a conflitti.

Cada subpersonalidad corresponde a una identificación específica que limita la autonomía del individuo y se superpone al Sí mismo como una máscara en la que la conciencia está confinada, condicionada y encarcelada.

El papel de las subpersonalidades en la cordura y en la relación con la vida es impresionante: cada subpersonalidad construye un filtro perceptivo que cambia la realidad y las elecciones.

Por ejemplo, una subpersonalidad que se identifica con un sentido de inferioridad, tiene un filtro perceptivo que tenderá a percibirse en otras actitudes que validen sus propios prejuicios: por lo tanto, tendrá expectativas de devaluación y pérdida que tenderán a modificar y condicionar sus elecciones y acciones.

El desarrollo integral requiere que crucemos los límites de todas las subpersonalidades selectivas, máscaras, ilusiones y divisiones que se alimentan de esa ignorancia espiritual específica de la naturaleza del Ser.

FIGURA 2.2

Alerce de desarrollo integral

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13 Boggio Gilot L., El Yo Transpersonal, Asram Vidya , Roma 1992. (volver al texto)

15 Boggio Gilot L., Creciendo más allá de lio, Cittadella, Assisi 1997. (volver al texto)

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