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¿Cómo se llega a las últimas puertas? Conocemos las leyes y los signos; no perdemos el tiempo; guardamos la Enseñanza; ¿y si encontramos las Puertas cerradas?
Volvamos, en respuesta, a los Misterios del antiguo Egipto, que eran ciertamente formas de vida científicas.
Sin reducir el ritmo, el candidato tenía que avanzar hacia el Maestro.
Frente a él había una línea brillante, que debía seguir, sin desviarse ni tocarla.
Los pasillos por los que pasaba estaban iluminados en diferentes colores. A veces la línea casi desaparece. Pero al final creció en esplendor, y como un deslumbrante rayo, pasó volando por delante de una pesada puerta cerrada.
Este era insuperable en apariencia: sin perno ni manija. Fue reforzado y armado con barras y placas de diferentes metales.
Los tímidos de espíritu estaban desconcertados y rompieron el ritmo; los que conocían la importancia de la inmutabilidad continuaron resueltamente. Y cuando con su cuerpo lo encontró, esa fortaleza se hizo añicos, y pasó a la última cámara.
Este irresistible impacto del cuerpo terrestre es indispensable para el ritmo de ascenso.
El conocimiento del espíritu nos muestra que las dimensiones de la meta deciden las de la ocasión.
El símbolo de la pesada puerta cayendo en pedazos es el mejor ejemplo de cómo actuar.
Los sabios de hoy en día se ríen de la idea de romper un muro con sus cabezas, pero los antiguos egipcios lo convirtieron en un magnífico símbolo del poder de nuestra naturaleza esencial.
Avance a lo largo del rayo. Aprende a comenzar lo nuevo asimilando lo que le precede.
Ignora a los que se burlan de tu valor, porque sabes adónde vas.
de Hojas del jardín de Morya II – Iluminación

