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En un tiempo, la expresión “restauración de los antiguos misterios” fue acuñada para tratar los temas más preciados relativos a la llamada iniciación mayor.
El primer libro que ayuda a desentrañar los misterios iniciáticos es el Templo. Un teatro simbólico donde con misterios ceremoniales y rituales se representan los dramas del alma humana. Los psicodramas ceremoniales descienden de la antigua histeria de las Escuelas Mediterráneas cuya luz, como recitan los catecismos esotéricos, viene de Oriente.
El siguiente enfoque es el Gran Libro de la Naturaleza y el tercero es el Libro de los Siete Sellos. Juntos forman un método basado en reglas que podríamos definir como el Manual de Vida y Existencia.
El Gran Libro de la Naturaleza es el compendio de las principales leyes físicas (ver Índice de las Leyes de la G.L.diN.) que regulan la vida de este planeta, mientras que el Libro de los Siete Sellos recoge las leyes que regulan el movimiento de nuestro sistema solar con sus planetas: siguiendo esa armonía universal que los místicos llaman “la Mano o Acción de Dios”. Así, los siete sellos son las leyes planetarias sistémicas que gobiernan los siete planetas sagrados para la astrología esotérica cuyo átomo central es el sol. Pero también en este último, como en cualquier otro cuerpo físico, se pueden reconocer tanto los componentes materiales como los metafísicos. Tanto es así, que lo que le interesa al iniciado es el componente espiritual de todo el sistema cósmico y universal.
En esas reglas encontramos la conexión entre el microcosmos humano y el macrocosmos sobrehumano. Esta conexión surge del hecho de que tanto la dimensión menor como la mayor forman parte de la misma esfera de acción energética, llamada conciencia cósmica. En el que cada dimensión se rige por las mismas reglas. De ahí la analogía entre lo grande (lo alto) y lo pequeño (lo bajo).
Una vez que los rudimentos de las Leyes Cósmicas han sido aprendidos, la visión del iniciado comienza a comprender el movimiento de los ciclos de la existencia. La cual los antiguos llamaron simbólicamente la “Rueda Universal”. El primer instrumento que permite al iniciado reflejar las dos caras de la realidad, la física y la metafísica, es su conciencia reflejada en su mente. De esta manera, descubre que el pensamiento se muestra a través de la conciencia y luego de la mente, mientras que con la palabra se materializa en apariencias físicas. Es el aliento que forma la voz, que es vitalizada por la voluntad, haciendo que el pensamiento vibre en el plano material. Muchos creen que se ha perdido la capacidad de utilizar la palabra (véase el artículo). Pero sería más correcto decir, que su uso ha sido olvidado y reemplazado por palabras simbólicas.
Si uno quisiera discutir esoterismo iniciático , uno debería empezar desde el principio. Es decir, de considerar las leyes planetarias, y luego pasar a las universales. Esto nos lleva al tema principal de la astronomía esotérica. Que en el Templo está representado en el más alto de sus símbolos: la llamada Bóveda estrellada.
Conocer las reglas de la dimensión en la que se vive, ayuda al iniciado a regularse a sí mismo, dominando su propio mundo, interno y externo.



