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En realidad, la batalla es contra la evidencia.
Lo real no es lo que es obvio. Las pruebas presentadas por los signos externos no representan la realidad.
Las viejas enseñanzas positivistas reemplazaron lo auténtico por lo evidente, y sólo tenían un factor atenuante: no había entonces microscopios o telescopios para las cosas bajas y altas.
Pero la mente inquisitiva no se detiene en la evidencia convencional; quiere la realidad dentro del marco de las leyes cósmicas. Sabe que las perlas son invisibles en el fondo del mar, y que las capas de aire pueden ocultar un vuelo de águilas a la vista.
Dijimos, no hace mucho, que la realidad debe ser defendida. Recuerden que no son los analfabetos, sino los pequeños literatos, los que se levantarán para luchar contra ella, los que defenderán violentamente sus pruebas a corto plazo. Piensan que el mundo real es el que está circunscrito por su horizonte, y que todo lo que permanece invisible para ellos es un invento pernicioso. ¿Cuál es la raíz de esta estrechez? Es un aspecto alterado del concepto de propiedad personal: esta es mi pocilga, y por lo tanto todo lo demás es innecesario y peligroso. Así me parece, y por lo tanto no existe nada más. El conocido cuento del elefante y el ciego siete es un ejemplo suficiente.
En realidad, como decimos, la Comunidad está luchando por la realidad. También tienes otros aliados: los que luchan por la verdad, para los que la evidencia no es más que un vaso sucio.
Si las pruebas químicas y biológicas son complejas, más aún los planes estructurales de la vida y las acciones. Sin el desarrollo de la conciencia seríamos prisioneros de un espejismo perpetuo; como en la catalepsia, encerrados en un terror helado.
¡Aléjate, Maya! ¡Queremos la realidad, y la vamos a conseguir!
por Comunidad

