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Aprender sin palabras
Que “el tiempo es el dinero del alma” es una de esas perlas de enseñanza que abren la conciencia. Se podrían citar cientos de ellos, a riesgo de aburrir a los más pragmáticos.
Pero la realidad no es sólo la práctica, sino también un fenómeno sutil y en su mayoría desconocido. Y fue en esa sutil realidad que decidí dirigir mis energías hace mucho tiempo. Sé que he sido pesado, medido y aceptado en una enseñanza donde las palabras son a menudo inútiles. Y esta es la parte especial que me gustaría compartir.
Para los que viven en la prolijidad, es difícil imaginar cómo más allá de un cierto nivel un maestro no enseña con palabras sino con gestos. La mímica es la representación psicodramática de una “síntesis mental”, una forma de precipitado psíquico capaz de abrir la mente más de mil palabras.
Un sistema de enseñanza poco conocido pero fascinante, por decir lo menos.
La función de un verdadero maestro es reemplazar el alma del alumno
La enseñanza es indispensable. Y hay diferentes niveles. Y dependen de la capacidad de interacción entre el alumno y el profesor (puente de empatía llamado “armonía mental”). Los papeles, diría, son indispensables. La habilidad del estudiante no radica en ejecutar los mandamientos (no es un perro de entrenamiento) sino en hacer las preguntas correctas, respondiendo a las cuales, el maestro puede transmitir la enseñanza, transmitiéndose a sí mismo (ver “el Pan de la Sabiduría”).
Refiriéndome a la metáfora del “maestro que debe ser asesinado” (en el pasado usaban palabras fuertes porque los oyentes tenían una sensibilidad mucho más obtusa que hoy en día), diría que lo que hay que “matar” es el recuerdo de la parte encarnada. La parte inmanente, la imagen física y la personalidad, para evitar convertirla en un “objeto” de culto como lo hacen los temperamentos devocionales en los cultos populares. La inmanencia de la “matanza” exalta la trascendencia, que es la esencia espiritual y la sustancia intelectual que el maestro transmite con su enseñanza. Para reforzar este concepto, es que toda filosofía o mística siempre ha representado la transmisión iniciática en forma de diálogo entre un mayor (maestro) y un menor (discípulo). Esto concluye la forma exotérica de la transmisión iniciática.
El diálogo interior, un aspecto oculto de la enseñanza iniciática
Muchos han oído hablar de la enseñanza del ocultismo. Los antiguos iniciados lo han descubierto y lo han transmitido en sus misterios. Desde entonces muchos lo han buscado en los lugares más extraños, pocos han llegado a comprender que lo oculto es la parte “fuera de la vista” de nosotros mismos, con la que podemos conectarnos a través de una forma muy particular de diálogo interno .
En los “misterios” esta forma de diálogo ya no es la de “hombre a hombre”, sino entre el hombre y la divinidad. La multitud busca la divinidad “fuera”, pero no la encuentra. El iniciado puede encontrarlo, porque lo busca dentro de sí mismo. Mirando a su “cielo interior” (cúpula o bóveda de la conciencia), el iniciado encuentra ese fragmento de Dios que lo preside, que Platón llamó “mónada”. La mónada es la energía espiritual. Es el “sol” que está dentro de cada hombre y mujer. La conciencia espiritual, que refleja el alma, “se comunica” con la expresión física, pero lo contrario no ocurre hasta que el fragmento de conciencia inferior (razón física) ha encontrado la fuerza para iniciar el proceso de reintegración (alquimia mental).
Conocimiento por contacto
¿De qué sirve un maestro, entonces? Cuando llegas hasta aquí, la respuesta no es difícil. Su función, como él sabe muy bien, es reemplazar la guía de la conciencia sutil. Un verdadero maestro no trabaja para sí mismo, sino para ayudar al alumno a construir la conexión (Arco Real) con la conciencia del alma. Una vez que la conciencia del alma “llega” a la mente física (véase la masonería, iniciación en el 3º grado), el iniciado ya no necesita guía externa, y comienza su propio trabajo, que es el mismo que el alma se había fijado. Aquí debemos considerar factores, extremadamente significativos, de los que no podemos hablar en este momento.
Un indicio obediente, debe hacerse a lo que surge de la conexión entre la personalidad (ver identidad física) y el Ego Superior (ver identidad sutil). La “su” conexión da lugar a ese diálogo interno que produce el llamado “conocimiento por contacto”. Lo que en palabras simples significa que, en el contacto entre la identidad física y la identidad sutil, tiene lugar esa “transferencia” de información conocida como enseñanza oculta.
Un intercambio que no es una forma inútil de embellecimiento intelectual, sino que sirve para unir el destino del iniciado con el del alma. Porque sólo esto les devuelve al proyecto del “grupo de elección” constituido por otras almas “similares”. Grupo que es el verdadero “eggregour” del Iniciado.
Esta información puede abrir perspectivas útiles para quienes aspiran a la rama operacional de la iniciación. Sólo para ilustrar el efecto de dominio que sigue a la iniciación real sería más apropiado utilizar la geometría, las matemáticas y, sobre todo, el conocimiento de las formas sonoras y sus colores.
Entonces entrarías en un ambiente intelectual realmente excitante, donde los nuevos compañeros de viaje son siempre bienvenidos.


