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La palabra es un instrumento que debe ser practicado con cuidado y atención, porque alberga grandes malentendidos, divisiones y conflictos. La buena fe de unos es a veces explotada por otros para afirmar posiciones de conveniencia de carácter ideológico, político, doctrinal, que cuando se colocan junto a la solidez de los principios iniciáticos, muestran toda su inconsistencia y en el mejor de los casos su relatividad.
Esta premisa es imprescindible para cualquier persona que se atreva a decodificar lo que se suele atribuir al plano metafísico, para asimilarlo y manifestarlo en una forma física que pueda ser compartida en el plano sensitivo común (de los sentidos físicos).
Que cada forma física es la manifestación de una idea es un reconocimiento primario para cada investigador, cualquiera que sea su campo de acción. Discernir la idea oculta por la forma, e impropiamente llamada alma, es el siguiente paso que lleva al buscador desde el mundo fenoménico al mundo de los significados. Así, llega a reconocer en sí mismo la Idea que lo anima .
Hablar de hombres y mujeres, hombre y mujer, significa quedarse y discutir en el mundo de la forma material (los planos físico y emocional). Sin embargo, si hablamos de hombres y mujeres como expresiones físicas de una idea, nos referimos a las palabras de A. A. Altomonte cuando dice:
“Un verdadero iniciado, ni simbólico ni virtual, está en los planos más altos de la mente, en contacto con las capas superiores de la conciencia. Allí no llega ninguna manifestación de atributos físicos o sexuales. Esta parte, en igual medida para el hombre y la mujer, es la mente asexual o impersonal. Entender esto es entender el significado alquímico de Andrógino”.
Hablar de un sendero masculino, indicándolo como solar, en contraposición a un sendero femenino, por lo tanto lunar, es una manera engañosa de tratar el tema, a menos que nos limitemos a considerar sólo la representación física y su dualidad polar.
Sólo que el Iniciado no reconoce la iniciación exclusivamente como física, sino como el umbral de entrada en el camino iniciático, que es un viaje cuyo itinerario se desarrolla en los planos internos de la conciencia (ver el viaje interno de Dante y Virgilio), que le guiará a la unificación de su propia Tierra, la Personalidad, con su propio Cielo, el Andrógino Celestial, que vive en el Cielo interno del ser.
Los términos antropomórficos se utilizan para metáforas literales de conceptos mucho más sutiles, que a menudo son incapaces de representar esas realidades tan distantes entre sí. En otras palabras, las metáforas y alegorías constituyen el lenguaje infantil para un “niño” iniciado.
Confundir las polaridades energéticas, negativas-positivas de los planos sutiles con los atributos masculinos y femeninos es el legado de un error fundamental nacido dentro de las religiones esotéricas.
Lo que está presente en todo lo que une todas las manifestaciones, individuales, planetarias y cósmicas, es la sustancia etérica, el verdadero campo de actividad de la conciencia, también llamada Inteligencia Divina, que la metáfora indica tanto masculina como femenina.


