Supuesto de vida o muerte

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No hay duda de que el tiempo lineal de la escatología cristiana está entrelazado con una referencia ultramundana a una dimensión de otro mundo y que esto lo convierte en una especie de vivir-para-del-otro-donde, en el que el presente siempre se traduce en un futuro mesiánico (judaísmo) o en la llegada del reino de Dios (cristianismo).

El tiempo griego, circular, retorno letal del Dellidentiano, provoca la disolución del sujeto que peca contra Escila y Caribdis de la liberación de su propia identidad.

En el cristianismo, la lealtad personal sobrevive después de la muerte, en el tiempo griego, por el contrario, el que regresa ya no es el mismo. Todavía existe, pero el sujeto ya no es el mismo, porque ha perdido la memoria. ¿Es la Damnatio Memoriae de la metempsicosis griega preferible a la resurrección judeo-cristiana?

Para Platón saber es recordar. En la tradición judía se habla principalmente de la resurrección final de los cuerpos, más que de la mortalidad del alma (que el cristianismo ha asimilado precisamente del pensamiento de Platón, pero que ya aparece con Pitágoras e incluso antes con el lorfismo). Creo que el tiempo circular favorece la posibilidad de experimentar la plenitud de la vida-muerte, o mejor aún, de completar el concepto de superación del terror de la muerte (tanto ya conocido que volverá de nuevo, aunque no lo recordemos).

Sin embargo, si el tiempo lineal conduce al terror sobre la muerte, prefigurado como un juicio y una remuneración en la otra vida basados en méritos y deméritos terrenales, el tiempo circular, como enseña la tradición brahmánica, pone de relieve en la infinita concatenación de renacimientos, las náuseas por la vida. No olvidemos que la primera de las cuatro nobles verdades de Buda es que toda la vida es sufrimiento. Si vuelvo millones de veces como un ser humano y como un gusano de la tierra, ¿dónde está la ventaja sobre el tiempo lineal judeo-cristiano? Por un lado, la posibilidad de regresar en formas traicioneras y luego morir de nuevo, acumulando sufrimiento y decepción. Por otro lado, las llamas del infierno, los ríos de miel del cielo…

Honestamente no veo una gran diferencia ética entre los dos sistemas cosmológicos. Otra cuestión, en cambio, es la superación de la dicotomía bueno-malo, del Dios bueno y providente y del Evangelio caído y rebelde, príncipe del inframundo. Pensando en las dos caras de la terrible y misericordiosa diosa, Hécate o Kali que crea y destruye, uno llega a comprender que todo lo que sucede es necesario, aunque no esté inextricablemente ligado a una falta o pecado original. La lutopía filosófica sería poder identificarse con el tigre que te devora (himno de la Comida del Yajurveda Negro: eres lo que come y se come). Si pudiéramos hacer nuestro este pensamiento inhumano, también podríamos volver al tiempo circular, seguro de sentir repugnancia por la vida, entendida como un retorno perenne, al que sólo la Liberación (Moksha) puede poner fin.

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